El suave murmullo de la ciudad parecía ser el calmante más efectivo a esa extraña sensación de vacío que sentía. Vacío provocado por un par de ojos que cambiaron de rumbo, pero que vuelven a su puerto antes de naufragar. Vacío imposible de rellenar, pero capaz de ser tapado con una sábana. Algo superficial, algo poco confiable. Una máscara de plenitud que se tambalea tan pronto como un viento sople, como un pájaro se pose encima y la haga caer. Caer hasta tocar fondo, llegar a lo más profundo de su alma, de su débil e inexperto corazón, y tocar aquellos puntos que como el talón de Aquiles, sacan a relucir lo más puro de sus imperfecciones y sentimientos.
El frío invernal la sacudíó de su ensimismamiento, tiritando volvió a su cama y se dejó llevar por los brazos de Morfeo.
No hay comentarios :
Publicar un comentario