A veces pienso que vivimos en una eterna obra de teatro. Todas nuestras acciones están regidas por un modelo actitudinal a seguir impuesto por la sociedad vigente, y por el círculo que nos rodea. ¿Qué tan malo puede ser eso? ¿Es malo en realidad? Vivimos en una aparente felicidad construída a partir de nuestra vida mezclada con la vida que nos gustaría tener. Entonces mentimos, mentimos al decir que somos felices, al decir que las cosas en la familia van cada vez mejor, que la situación con la pareja es establemente feliz, que los hijos son los hijos perfectos, y que el trabajo es perfecto también.
Mientras tanto, bajo esa falsa lucidez se esconde una ávida y oscura faceta de uno mismo: la verdadera esencia de uno.
Ésa mujer que ves llena de vida, trabajando miles de horas a la semana, cumpliendo el rol de perfecta madre e increíble mujer, por las noches llora porque nadie la aprecia.
Ése hombre que aparenta fortaleza, se siente disminuido por todo lo que no puede hacer.
Ése chico con malas notas en el colegio, se hace el desinteresado, porque nadie se interesa en él.
Ése chico de buenas notas en el colegio, estudia para sentir que su vida vale algo.
Ésa chica que forja una sonrisa en todos lados, es la misma que se corta cuando está sola.
Ésa chica que llora en frente de los demás, es la misma que la anterior, sólo que su careta no dio para más.
Ésa que dice tener hábitos saludables, es la chica que lidió con anorexia.
Ése que no para de engordar, busca en la comida el consuelo que no encuentra en otro lugar.
Ése otro que dice tener la vida perfecta, la tiene, sí. En su mente.
Todos tenemos nuestras debilidades ocultas, y cuando las descubrimos, verlas en los demás es mucho más fácil.
No hay comentarios :
Publicar un comentario