No han perdido tus ojos
ese fulgurante brillo que tu alma tiene.
Un mismo destello cobalto, multiplicado por dos
que, frío como el hielo, eterno se mantiene.
Basta con un simple parpadeo
para que un aura azul despliegue su mirar,
y en él se refleje una especie de mareo,
mucho más que la infinidad.
A veces los veo opacados
¡malditos sean, aquellos ojos cobaltos
que se han visto acobardados
por la luna y su mezquindad!
No hay comentarios :
Publicar un comentario